Para ser blogger no hay edad

Hace poco, a través del proyecto de Andrés nieto llamado “BlogoEdad“, descubro que la blogger más vieja tiene nada más y nada menos que… ¡97 años de edad! Al principio pensé que se trataba de alguien que cambió su fecha de nacimiento para no revelar su verdadera edad, pero vi que tal persona existe, está viva, y sigue bloggeando. Su nombre es María Amelia, vive en España, y lleva algo más de 2 años en la blogósfera. En su header, nos muestra estas líneas:
“Hoy es mi cumpleaños y mi nieto como es muy cutre me regalo un blog. Espero poder escribir mucho y contaros las vivencias de una señora de mi edad”.
No sólo me sorprende el uso que es capaz de hacer de las TICs a su edad, sino que además de sus historias es capaz de incorporar inteligentemente (con ayuda de su nieto) dos potentes recursos a su blog: el podcast y el videocast. Para aprender de ella, ¿no?
Y finalmente, dos moralejas:
1) Acercar a nuestros abuelos y padres a la tecnología. ¿Cuántos de nosotros no tenemos un abuelito solo, triste, aburrido, con algún dolor físico? María Amelia dice que estar en internet le cambió la vida, y que se quitó 20 años de encima. Internet ayuda a que el paso de los años no sea tan drástico, y ni hablar del desarrollo de la inteligencia cristalizada.
2) Regalar un blog siempre es una buena idea. Es fácil, es rápido, es gratuito. Un blog permite mejorar la redacción, hacer catarsis, interactuar con más personas, y por qué no, elevar la autoestima. Lejos, el mejor regalo: le hacemos un favor al blogger y a la blogocosa misma.


8 de Marzo, día internacional de la mujer: la continua lucha por la igualdad de género. Me gusta y no me gusta. Me gusta ser mujer, que me inviten a un trago, tener la posibilidad de dar a luz y ser mamá; usar zapatos de tacón y ropa muy femenina (ahora que estoy más grandecita, puedo darme el gusto de vestirme como toda una “mujer”); y también me gusta que me abran la puerta del auto o que me corran la silla para sentarme, costumbres ya tan olvidadas por los caballeros. Pero no me gusta que este día sea un recuerdo de que las mujeres seguimos por debajo de los hombres, que somos el “sexo débil”, que tenemos que ganar menos, que todavía somos discriminadas. Yo no me siento así, porque estoy convencida de que la discriminación parte por casa, a modo de profecía autocumplida: me creo discriminada, me comporto como si me discriminasen, y luego finalmente me discriminan por actitudes que no tienen por qué tener relación con mi condición de mujer.
