Lo que me trajo el correo: Blog Blazers

Publicado por Claudia en Enero 21, 2009

Hoy, cuando me levanté, vi que había llegado un paquetito para mí. “¡Llegó mi libro!”, exclamé. Era Blog Blazers, el libro que gané en AdesBlog, el blog de  Abdylas Tynyshov.

Pensé que Ades me iba a mandar un libro en *.pdf, pero me sorprendí cuando me pidió mi código postal para enviármelo a casa. Y aquí lo tengo ahora: un exquisito libro en papel para ser mejor blogger, enviado desde Malasia.

El libro está en venta en Amazon, y no es tan caro obtenerlo (calculo que unos $32 USD en total, incluyendo el envío), pero los regalos siempre son más que bien recibidos.

Lo más genial de todo, es que cada vez que recibo algo por correo, me doy cuenta de ni siquiera la mayor de las tecnologías es capaz de reemplazar al correo tradicional. No hay nada como leer un buen libro en papel, enviado en un sobre con mis datos escritos a mano, y con una serie de estampillas de colección…

La operación

Publicado por Claudia en Enero 15, 2009

A La Perla nunca le gustó su nariz, porque ésta hizo su aparecida triunfal y nada grata entre los once y los doce años de edad. Quizás doña nariz se aburrió de que le dijeran que era demasiado pequeña, y que pasaba desapercibida en la cara de La Perla.

La Perla, acomplejada siempre por su nariz, porque además de ser fea no le dejaba respirar, un día decidió operarse. Se había cansado de ser un patito feo, de su nariz superlativa a la cual estaba pegada, y de no poder una buena mezzosoprano ni siquiera en la ducha. Y se operó.

El día de la operación llegó. La Perla se entregó a lo que viniera, venciendo el miedo a la desnudez al estar con esa batita que nada tenía de sexy, y venciendo el temor a perder la dignidad al usar la chatita para hacer pipí, o que le limpiaran el popó por no ser capaz de levantarse al baño. Con haberse paseado en cama por los pasillos de la clínica, ya se sentía como toda una Cleopatra.

Y así estuvo La Perla: una semana entera con yeso y tapones en su nariz, durmiendo semi-sentada, dudando si sentirse como una momia o como la novia de Frankenstein por haber ido en contra de su naturaleza humana. Pensó que nunca más sería capaz de hacer algo así.

Pasó una semana, y La Perla pudo ver al fin su nueva “nariz de chancho”, como ella misma la bautizó. ¡Y hasta tuvo pesadillas! Le costó aceptar su nueva imagen más infantil, no ver más en el espejo ese pedazo de nariz que antes le sobrara.

Ya no había más complejo, ni necesidad de llevar su escudo de armas a todos lados. Pero la tristeza no se había ido todavía. Ahí fue cuando La Perla se dio cuenta de que lo más importante era que le hiciera una cirugía a su alma: despojarse de lo inútil y doloroso y poner injertos de dulzura y alegría.

La Perla se llamaba Claudia.

En busca del psicólogo perfecto

Publicado por Claudia en Enero 7, 2009

amorAlguna vez alguien me preguntó si cuando un psicólogo estaba mal, se hacía autoterapia. Le respondí que un psicólogo se parece a un odontólogo en que no puede arreglarse las muelas por sí mismo.

Acudir a terapia, nunca es un gasto, sino una inversión; aunque claro, depende también de la sapiencia y preparación del profesional que elijamos. Ir a terapia, es como acudir a “revisión técnica”, algo muy natural que forma parte del autocuidado.

Actualmente, y porque creo que lo necesito, estoy buscando un psicólogo: un profesional calificado que me ayude a ver mis problemas desde otra perspectiva, considerando mis traumas infantiles y todo aquello de lo cual probablemente yo no sea consciente en este momento.

¿Por qué psicólogo y no psiquiatra? Porque no quiero tomar antidepresivos. Alguna vez los tomé, y aunque se llevaron toda la tristeza que sentía, también se llevaron mis alegrías y mi capacidad de sentir, dejándome aplanada afectivamente durante mucho tiempo. Además, las pastillas me hacían sentir que no era libre, y pensar que sólo era capaz de llegar a un estado de eutimia gracias a una droga, porque por mí misma era incapaz.

Por eso, esta vez pretendo salir adelante por mí misma, sin pastillas. Quizás pueda sola y sin terapia, porque después de todo los psicólogos son un “invento” moderno, pero me voy a demorar más. Y viendo que la terapia puede ser un alivio para mi alma, estoy totalmente decidida a encontrar a ese psicólogo que quiero.

¿Por dónde buscar?

1) Primero, tenía que buscar algún psicólogo que atendiese por Fonasa (Fondo Nacional de Salud). La atención psicológica por Fonasa cuesta 1/3 de lo normal. No es algo menor si pienso en que voy a tener al menos 10 sesiones de terapia. La idea, obviamente, es que mi bolsillo de estudiante no se resienta tanto.

2) Segundo, me fijo en el tipo de servicio que ofrece cada profesional o grupo de profesionales. ¿Evaluación? ¿Psicoterapia? ¿Tipo de problemas que trata(n)?

3) Reviso la formación del psicólogo (si aparece), y su nombre. ¿Dónde estudió? ¿Qué es su especialidad? ¿Lo conozco ya? Desafortunadamente, y por mis estudios, conozco a una buena parte de los psicólogos de esta ciudad.

4) ¿Quiero que el psicólogo sea hombre o mujer? No es algo menor. Probablemente, en este momento, me sienta mejor con un hombre.

5) Le dejo el resto a mi sexto sentido: si tengo varias alternativas, elijo por intuición al psicólogo que creo que va a ayudar.

Por ahora, sigo buscando…

Internet no es para enamorarse

Publicado por Claudia en Enero 4, 2009

“Cinco años atrás, mi esposo y yo nos enamoramos en internet. Para celebrar nuestro aniversario, finalmente nos vamos a conocer cara a cara“. Chiste de Randy Glasbergen.

amorTuve un amor platónico a los 14 años, cuando casi recién comenzaba a usar internet. Era algo de niños, nunca nos conocimos en persona, porque él vivía a unos 2500 kilómetros de distancia de mi ciudad. A los 15 años, conocí por internet a quien fuera mi primer “pololo”, y luego a los 18 a quien fuera el segundo. Sin embargo, en ambos casos, conocí a los chicos (que eran de la misma ciudad) antes de iniciar cualquier relación. En mis dos relaciones siguientes, internet sólo fue un medio de comunicación más luego de conocer en fiestas a los chicos que me gustaban.

No obstante, y pese a mis 23 años, sin darme cuenta retrocedí a los 14: volví a idealizar a alguien que no había visto jamás en mi vida, seducida por una voz sexy de hombre mayor, sus sabios consejos, y por todo eso que creía difícil de encontrar en un hombre. Craso error, dolorosa desilusión.

Según el Diario La Fecha, el amor en internet suele ser ciego. Cada quien resalta sus propios puntos positivos más que los negativos (algo obvio), y tendemos a idealizar al otro más de la cuenta. Bajo este punto de vista, no está mal conocer gente por internet, siempre y cuando tengamos la posibilidad de ver a la otra persona cara a cara antes de iniciar cualquier relación tipo noviazgo. Algo básico y fundamental, a veces muy olvidado.

A través de internet, pueden establecerse relaciones gratas y sinceras de amistad, pero jamás noviazgos. Ninguna demostración de afecto a través de la pantalla es real ni satisfactoria, porque una pareja de novios siempre va a estar necesitando el contacto físico (besos, mimos, abrazos y hasta sexo), y realizar juntos actividades tan cotidianas como salir a caminar o ir al cine a ver una película.

Mantener una relación de seudo-noviazgo por internet, sólo puede llevar a las siguientes consecuencias: (1) te enganchas más de la cuenta y terminas sufriendo por algo que no puede concretarse debido a la distancia; (2) si dejas pasar mucho tiempo antes de conocer a aquella persona, puedes sufrir una gran decepción al encontrate con él o ella al descubrir que no se gustan, o que simplemente hay cero química entre ambos.

Así es como racionalizando, pensando con la cabeza fría, y dejando de lado la obsesión por llenar un hueco vacío de mi vida con un príncipe que mi mente ve azul, pero que en realidad puede ser de cualquier color, llego a la conclusión ya casi obvia de que el amor en internet no existe. Como medio de comunicación, internet es potente, pero no pasa de eso. En ningún punto he negado la posibilidad real de que exista gente que se conozca a través de internet y se case, pero para eso claramente hay que conocerse en persona antes. Definitivamente, internet no es para enamorarse, porque no puedes amar a alguien que conoces sólo parcialmente, ni mucho menos hacer planes o construir castillos en el aire con esa persona.

Hola, mundo!

Publicado por Claudia en Enero 4, 2009

Inicio mi blog “impersonal” hoy domingo 4 de enero del 2009. Antes tuve dos intentos de blog personal, pero siempre terminaba desviándome hacia otros temas. Eso no es malo, pero aprendí que es mejor tener distintos blogs para distintas cosas, especialmente cuando los blogs de hoy (en su mayoría) distan mucho de ser bitácoras tipo diarios de vida.

Hace unos tres meses compré este dominio que utilizo ahora, y que lleva mi nombre (ClaudiaContreras.com). No es una forma de egolatría ni mucho menos, sino simplemente una manera de contactarme más conmigo misma, mis experiencias y emociones, mi yo. Y ahí está el vuelco que le quiero dar a este espacio: quiero transformarlo en un blog personal, que me sea de utilidad a mí más que a los demás, pero que sin embargo me gustaría que otros también leyeran. No pretendo contar a destajo mis más íntimos secretos que permanecen enterrados en lo más profundo de mi inconsciente, ni “pelar” (hablar mal de alguien que no está presente) a nadie, sino simplemente abrirme al mundo en mi afán por reencontrarme a mí misma y reencontrarme con los otros.

No sé adónde llegará este blog, pero sí sé que hay varias cosas que me animan a escribir aquí: (1) un blog personal fomenta el autoconocimiento; (2) creo que utilizar un dominio con el propio nombre, y exponerse en la blogósfera aumenta la autoestima; (3) la catarsis siempre le hace bien a la psique (entiéndame psique en su significado griego “alma“), especialmente cuando hay algo que duele “allí”; (4) escribir es una forma de sublimar los dolores, los malos pensamientos, y suele resultar muy reconfortante; y (5), que por error San Google le dio un pagerank 3 a este blog aun antes de haberlo iniciado (eso sí que es suerte!).

Desde ya, muchas gracias a quienes se interesan en leerme y me acompañan día a día en mi vida “real” y en internet.

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