Una conversación sobre el amor

Publicado por Claudia en Febrero 21, 2010

13 de Febrero. Tomé el colectivo en la misma esquina de siempre, y me senté en el asiento de adelante.

Estoy acostumbrada a que los choferes me hablen. Algunos me ubican, y otros simplemente necesitan a alguien con quien conversar. Me verán cara de psicóloga, quizás.

Esta vez, el colectivero hizo referencia al Día de San Valentín.

- Muchas parejas salen esta noche a celebrar – me dijo. Y usted, ¿va a salir a celebrar?
- Puede ser – contesté.

Resulta incómodo que un extraño te pregunte cosas tan privadas.

- ¿Usted está con alguien? – preguntó él.
- A lo mejor
- ¿Cómo es eso? Una chiquilla tan linda como usted debiera tener con quien salir.

Sonreí. Se me ocurrió que tal vez podría revertir esa incómoda situación y tomar yo las riendas de la conversación.

- Y usted, ¿va a celebrar San Valentín? – inquirí con una pizca de malicia.

Cambió la expresión de su rostro y tardó unos segundos en procesar la pregunta. Quizás lo que me iba a responder era predecible:

- No, yo no. Después de tantos años, uno pasa a sentir cariño nomás. Se pasa al acostumbramiento

Me horroricé. ¿Acostumbramiento? Y todo lo que hubo antes, ¿dónde quedó? ¿Se murió? ¿Lo mataron? ¿O lo dejaron crecer como una planta silvestre de esas que crecen a la intemperie si y sólo si las condiciones del tiempo ayudan?

El paradero estaba cerca. Tuve ganas de decir una última frase antes de bajarme, pero preferí callar. Recordé a John Baines diciendo: “El amor debiera ser algo volitivo“. Quise dejarle algo de mí antes de bajarme, pero tuve miedo de que no comprendiera la magnitud de la palabra “voluntad“, tal y como ocurrió con Él hace muchos años.

A lo mejor yo aún soy muy joven para dimensionar su significado.

Taxista

Publicado por Claudia en Enero 29, 2010

Hoy me agregó un tipo a Facebook que vive en la misma ciudad que yo. Empezó con el pie izquierdo, diciéndome que me agregó porque me encontró bonita.

Ni bonita ni fea. Le dije que no trabajo, que no estudio. Tuve ganas de decirle que soy dueña de casa, que tengo un niño de seis años (sí, un poodle), y que mi marido me mantiene.

Mirando sus fotos, descubrí que era taxista. Siguió tratando de seducirme, o al menos “jotearme”. Le dije: “Nunca tuve un pololo taxista”, y me respondió: “Quizás yo sea el primero”. Poniéndome a la defensiva, contesté: “Lo siento, pero ya tengo… No lo tomes a mal, pero no saldría nunca con un taxista”.

Me sentí mala mina, media hueca.

Mirando un poco hacia atrás, lo vi a “Él“. Él tenía un trabajo común y corriente, y cursaba estudios técnicos sin futuro. Si Él hubiese sido taxista o no, me daba lo mismo. Yo lo amaba con locura. Aunque no me veo paseando en taxi para arriba y para abajo, quizás aún ahora me hubiese enamorado de un taxista: uno educado, culto, que no se las dé de galán y se esfuerce por seguir estudios superiores y ser alguien en la vida.

Ni hueca, ni superficial. Es difícil hablar de cosas profundas con alguien que sólo te toma en cuenta según como te ves: si eres bonita o fea.

Al final, el amor se basa en tener cosas que compartir. Una carrera universitaria es lo de menos. El esfuerzo por “cultivarse” pesa más. Los cuentos de hadas son reales. Yo por amor, me convertiría en el taxista que mejores novelas escribe, muy al estilo Carlos Cuauhtémoc en “La Fuerza de Scheccid“.

Si tú fueras taxista, sí saldría contigo, y te llevaría al castillo de mis sueños. Pero por ser como eres, no por ser o no ser taxista.

Ordenando un poco

Publicado por Claudia en Enero 12, 2010

A veces me pierdo a mí misma. No sé quién soy ni adónde voy. Perderse a uno mismo es lo más peligroso, porque te estancas y limitas tu crecimiento personal y te sometes a la enajenación.

Cuando me siento perdida, me pongo a ordenar. Ordenando un poco mi pieza, también puedo ordenar mi vida. Descubro objetos y cosas maravillosas que me recuerdan mi esencia. Hoy, por ejemplo, encontré muñecas, libros, mi tarot de Marsella, mi oráculo egipcio, y cositas que me han regalado y que podría guardar de por vida.

No me gusta apegarme a las cosas materiales. Sin embargo, creo que no es malo coleccionar recuerdos, especialmente cuando las distorsiones de mi memoria parecieran cobrar vida propia y aniquilar todo lo bueno que alguna vez construí.

Conectarse con experiencias placenteras del pasado no sólo ayuda a traer un poquito de felicidad al presente, sino que ayuda a reconstruir el autoconcepto y sanar las heridas de la autoestima. Mis recuerdos positivos me dicen que tengo cualidades, y que soy digna de estima. Y si puedo quererme un poquito más, tal vez tenga ganas de hacer más cosas.

Mis energías de hoy están destinadas a ser un poquito más feliz, a hacer y disfrutar. Cuando me olvide de eso, supongo que tendré que releer este post.

Cuando estoy mal

Publicado por Claudia en Enero 7, 2010

Hay días en que estoy verdaderamente mal. No me quito el pijama, no me ducho, no me maquillo, y casi no como. Nadie creería que me siento mal si no me ve así.

Esos días ni siquiera tengo ganas de escribir. Hasta se me van las ganas de hacer nada. Es difícil imaginar lo que es no poderse el cuerpo.

Cuando estoy mal, evito publicarlo en todos lados. Prefiero guardarme todo ese malestar. Pero siempre hay gente, que sin saber qué me pasa, me regala pequeñas gotitas de felicidad. Esa gente sin saberlo – y con tan poco – es capaz de alegrarme el día completo. Con un poquito basta; con un poquito hago mucho. Ese poquito lo multiplico, porque hay otros que también pueden estar necesitando lo mismo que yo: eso que se da y no se quita.

No sé si existirán los ángeles, pero hoy quiero creer que sí.

Entrevista en Caracas Creativa

Publicado por Claudia en Septiembre 24, 2009

A principios de este mes, me entrevistó Alí, Director de Caracas Creativa. No sabía si mostrarla o no, porque me daba un poquito de “plancha”. Hoy me decidí, pensando que quizás a algunos (algunos = “al menos uno”) puedan interesarse en leerla.

Ojo, que no soy diseñadora… Pero es un camino que quiero y espero seguir, aunque por un buen tiempo más me sienta como si tuviera 3 años y estuviese usando los zapatos de mi madre.

Caracas-Creativa

Amor dos punto cero

Publicado por Claudia en Septiembre 11, 2009

Navegando por Youtube, veo un video de un chico sordomudo hablando sobre Blogger. Me cautivan sus ojos pardos translúcidos, la ternura infinita de su mirada, la dulzura de su rostro.

Empiezo a imaginar mil cosas en mi cabeza. Me digo que debe ser lindo estar con un sordomudo, a pesar de su discapacidad; tratar de entender lo que dice con su lenguaje de señas, ver lo que se esconde tras ese tentador halo de misterio que me atrapa.

Buceo en Google, y logro llegar hasta su blog. Pienso en escribirle, aunque no sé qué decirle. ¿Qué va a pensar de esta mina loca, capaz de enamorarse de ideales y de inventar príncipes donde no los hay? Para sorpresa mía, usa una de las plantillas que adapté para Blogger. Definitivamente, amor al primer post.

Comienzo a recorrer su blog. Al llegar al footer, veo algo que no me gusta: borró los créditos de mi plantilla. Frunzo el ceño, y empiezo a pasar revista por sus entradas: descargas ilegales, textos de cualquier mortal. Nada del otro mundo. ¡Qué decepción!

Cierro la ventana, y lo olvido con un clic. Por suerte, dicen que se avecina la web tres punto cero.

Diseñado por Claudia Contreras | XHTML y CSS válidos, hospedado en Hostgator